Hay perros que disfrutan siendo el centro de atención y otros que prefieren mantenerse al margen. Nuestro protagonista pertenecía claramente al segundo grupo. Este simpático perro, Oreo, acudió al estudio acompañado de sus humanos, que deseaban inmortalizar su carácter y guardar unos retratos que mostraran quién es realmente. Desde el primer momento dejó claro que posar para las fotos no estaba entre sus planes favoritos.

Sin embargo, con paciencia, buen humor y una buena reserva de chuches, la sesión fue avanzando poco a poco, hay momentos que “quien tiene las chuches, tiene el poder”. Cada premio ayudaba a conseguir una mirada curiosa, una expresión relajada o una pose inesperada. Entre intentos, descansos y alguna que otra negociación perruna, surgieron fotografías llenas de encanto y autenticidad. El resultado final fue una colección de imágenes muy bonitas, capaces de reflejar la dulzura y la personalidad de un compañero tan querido como especial.